Viruela del mono en niños: cuáles son los síntomas y cómo se trata

por | agosto 29, 2022

Los niños, junto a los inmunodeprimidos y las embarazadas, son un grupo de riesgo frente a la viruela del mono (Monkeypox/MPX). Afortunadamente, han sido muy pocos los casos registrados en el brote actual en Europa. En concreto, representan un 0,2% de todos los infectados por esta enfermedad. Además, también es tranquilizador el hecho de que prácticamente todos los cuadros clínicos han cursado de manera leve y autolimitada.

“Los casos de la viruela del mono en España se han producido principalmente por contactos sexuales, sobre todo en hombres que tienen relaciones sexuales de riesgo con hombres”, recuerda Sara Guillen Martin, miembro del Grupo de Trabajo de Patología Importada de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica (SEIP). No obstante, la experta añade que esta infección se está extendiendo a mujeres “y puede afectar a niños si están en contacto estrecho con personas infectadas”.

Así se manifiesta la enfermedad en los niños

Los casos descritos en adultos están siendo leves, por lo que se espera que los niños se contagien con la misma cepa del virus y, por tanto, la infección curse de forma similar. Eso sí, de acuerdo con una guia publicada por el Ministerio de Sanidad sobre el manejo de la viruela del mono en niños, “se ha observado un mayor número de lesiones que en adultos, lo cual confiere mayor gravedad y, sobre todo, mayor riesgo de sobreinfecciones bacterianas que puedan complicar el caso”.

En cuanto a los síntomas, estos dependen de la edad del menor, “siendo los más pequeños y los inmunodeprimidos los que pueden desarrollar una infección más grave”, afirma Guillén.

Por su parte, Fernando Moraja, vicepresidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV), indica que la manifestación más característica de la enfermedad es el sarpullido, que se ha de diferenciar de otro tipo de erupciones de la piel que puedan sufrir los menores. Asimismo, son frecuentes los cuadros de fiebre y un aumento de tamaño de los ganglios.

¿Cómo diferenciar la viruela del mono de la varicela?

Las lesiones provocadas por ambas infecciones pueden dar lugar a la confusión. Sin embargo, es posible distinguir estas enfermedades si atendemos a las características de una y otra. Según la guía del Ministerio de Sanidad, si las erupciones del MPX normalmente se encuentran en el mismo estadio de maduración, las de la varicela evolucionan de forma distinta.

“La varicela es centrípeta y empieza en el tronco y se distribuye periféricamente, mientras que las lesiones de MPX se inician en las extremidades (cara y miembros, afectando palmas y plantas) y se diseminan centralmente. Sin embargo, en este brote en adultos se han observado lesiones atípicas más localizadas y presentes en el área genital”, reza el documento.

Asimismo, el organismo oficial apunta que el contacto epidemiológico también debe ayudar al diagnóstico, pues, generalmente, el contagio en los pequeños se produce por contacto intrafamiliar, “pero en niños mayores hay que valorar la posibilidad de contacto sexual (e incluso de abuso sexual)”.

¿Los niños se pueden vacunar contra la viruela del mono?

La vacuna que se está utilizando hoy en día para combatir el MPX es la de la viruela humana, aunque hay que recordar que esta no es la misma que se hizo en sus orígenes. “Se trata de una de tercera generación que contiene el virus modificado de la viruela original y no se replica, es decir, no se reproduce en el organismo y, por tanto, no puede desarrollar la enfermedad”, explica Moraga-Llop.

El vicepresidente de la AEV detalla que las anteriores vacunas, de primera y segunda generación, se administraban por escarificación, en la piel; mientras que la vacuna actual se inyecta por vía subcutánea. Eso sí, ante la escasez actual de vacunas para prevenir esta enfermedad, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA, por sus siglas en inglés), ha aprobado como medida de uso de emergencia la posibilidad de que la vacuna se pueda administrar por vía intradérmica.

“Esto significa que se inyecta en las capas de la piel, no por debajo de la misma. Con un vial de 0,5 mililitros se pueden vacunar hasta 5 personas. Esta vía de administración permite que la inmunidad sea mayor y que, por tanto, con menos dosis sea suficiente”, recalca el especialista. Eso sí, este método de inoculación aún no está aprobado por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés).

Acerca de si los niños pueden vacunarse contra la viruela del mono, las fichas técnicas de las dos vacunas actuales (Jynneos, estadounidense; e Imvanex, europea), indican que solo se pueden aplicar a partir de los 18 años. De todas formas, Moraga-Llop aclara que no es que la inmunización entre este colectivo esté contraindicada, pero no hay estudios suficientes como para que se lleve a cabo. “En principio, no hay ninguna contraindicación, pero para que se administre en niños tiene que ser la autoridad sanitaria la que lo determine porque en la ficha técnica no se contempla ahora mismo esta posibilidad”, insiste.

Cómo tratar la enfermedad en estos casos

En el caso de que un menor se contagie, se podría valorar la administración de un antiviral con indicación para esta infección. Guillén subraya que el uso de este medicamento está aprobado para niños con peso superior a los 13 kilos.

Además, el Ministerio de Sanidad da las siguientes pautas a seguir:

  • Hasta que todas las costras no se hayan caído, el paciente debe permanecer aislado.
  • Asegurar que el pequeño es tolerante a los líquidos.
  • Limpiar las lesiones con agua estéril o con una solución antiséptica.
  • Cortar las uñas y aplicar en ellas clorhexidina. Es importante el lavado frecuente de mano.
  • Si las lesiones son orales, se puede emplear lidocaína viscosa o un fármaco similar.
  • En caso de presentar prurito, es posible pautar antihistamínicos.
  • Para la fiebre o el dolor, se recomiendan los analgésicos habituales como el paracetamol o el ibuprofeno.
  • No está indicado el antibiótico profiláctico.

Por último, la guía oficial aconseja fotografiar de manera regular las lesiones, así como llevar a cabo un control telefónico estrecho diario.

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