El actor Ángel Hidalgo cuenta cómo fue su cirugía de corazón

por | agosto 30, 2022

El actor Ángel Hidalgo se sometió hace unos años a una valvuloplastia mitral, una operación de corazón consistente en la reparación de la válvula mitral. Ahora ha relatado su experiencia junto con su cirujano Jacobo de Silva, con quien también le une una bonita amistad.

El cirujano Jacobo de Silva y el actor Ángel Hidalgo son médico y paciente, pero son algo más. Hace diez años trabaron una sólida amistad que hoy continúa y que se forjó en las consultas y en uno de los quirófanos de cirugía cardiaca del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid, cuando Ángel se sometió a una valvuloplastia mitral, una operación de corazón consistente en la reparación de la válvula mitral, dañada en este caso como consecuencia de una infección, en concreto una  bacteriana.

La necesidad de someterse a una operación de corazón suele ser una noticia de alto impacto, “como ocurre con todas las cirugías, pero quizá más en el caso del corazón por la simbología que este órgano tiene como motor del organismo y por las implicaciones que conlleva un fallo o una explica el doctor actualmente jefe de servicio de Cirugía Cardiaca del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA).

Ángel Hidalgo es actor con una amplia trayectoria, que incluye series como La CazaMonteperdidoDime quién soy: mistress of warCentro MédicoSeis hermanasThe Time in BetweenAquí no hay quien viva o Al salir de clase, entre otras muchas, y películas como Goya’s Ghost. Para los próximos meses tiene pendiente el estreno de La Caza -Guadiana que sigue a Monteperdido y a Tramuntana, así como de la comedia Señor dame paciencia, basada en la película homónima.

Su caso no fue una excepción. Había ingresado en el hospital para tratarse de una endocarditis, es decir, una infección bacteriana que le estaba afectando al corazón y la sorpresa fue mayúscula cuando una mañana el doctor De Silva entró en su habitación para informarle de los pormenores de la operación a la que iba a ser sometido.

«Me quedé en shock»

“Me quedé en shock porque pensé que todo se iba a solucionar con tratamiento farmacológico y no se me pasaba por la cabeza que iba a necesitar cirugía. Estaba ingresado y cuando el doctor De Silva entró en la habitación para hablarme de la operación que me iban a practicar yo no entendía. «¿Qué operación? Si yo he venido aquí a hablar de mi libro”, recuerda ahora entre risas.

En ese momento y en una nueva entrevista posterior de Silva le fue explicando la necesidad de realizar la intervención y la conveniencia “por estar en un momento quirúrgico óptimo debido al buen estado general y porque hay ocasiones en que los riesgos de no operar son mayores que los de hacerlo”, explica el especialista.

Tanto el doctor De Silva como Ángel Hidalgo coinciden en la importancia de que el paciente tenga el conocimiento necesario sobre su situación y su proceso y de que los mensajes se le trasmitan de la manera adecuada, sin hurtarle información pero sin caer en dramatismos.

Confianza y empatía

La confianza y la empatía son dos palabras clave que pronuncian tanto Jacobo de Silva como Ángel Hidalgo para conseguir infundir tranquilidad al paciente, convencidos ambos de que el estado emocional del paciente influye tanto en los resultados como en la recuperación tras la intervención.

Jacobo de Silva está convencido de que es necesario profundizar en el autocuidado de la propia salud por las personas y en la necesidad de su implicación activa en cualquier proceso de recuperación que les afecte. “Esto supone un cambio de paradigma”. Por eso, también en el reciente congreso de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular, cuyo comité organizador presidió, quiso que los pacientes tuvieran una participación destacada.

Y en este marco, Ángel Hidalgo junto con otros pacientes en distintas fases de su proceso, compartieron experiencias con afectados y familias. Allí pudieron comprobar cómo los miedos y las inseguridades ante una intervención de corazón, aunque con particularidades, son muy comunes.

Endocarditis, una infección que le iba destruyendo el tejido cardiaco

La endocarditis que presentaba Ángel es una inflamación de la membrana interna del corazón, cuyos tejidos van siendo destruidos por la acción de estos gérmenes. «Es como si se los fuera comiendo». Los síntomas que tenía eran fiebre alta, pérdida de peso, sobre todo, nocturna, y adenopatías en los ganglios.

“Cuando me hablaron de la operación por primera vez yo recibí como un guantazo que no sabía ni de donde me venía”, relata Ángel. “Sientes miedo, sobre todo, en los días previos a la operación, cuando estás solo en la habitación. Por mucho que tu familia y tu entorno te arropen hay una barrera que no pueden superar. Y tras ella estás tú solo”.

Pero a la vez “rápidamente comprendí y decidí que yo me tenía que poner a favor de obra para salir adelante, que tenía que aliarme con el cirujano”. Y esa línea imaginaria que separa el espacio a partir del cual el paciente ya está solo ante su proceso “quien sí está en condiciones de atravesarla es el médico. Por eso es tan importante la comunicación, que te mire a los ojos, que sientas que te está diciendo la verdad, que te dé confianza, que te coja incluso la mano en un momento dado, y que te diga ‘tranquilo, todo va a salir bien’. Son cinco palabras, pero son tan importantes…”.

Un 93% de probabilidades de éxito

Y así Ángel fue informado de los riesgos, tanto de mortalidad como de complicaciones, generales e individuales. “Hay que ser honestos con los pacientes, explicarles todo lo que hay y qué supone, como en el caso de Ángel, un 93% de posibilidades de éxito, que es un dato que está muy bien, pero que entraña también un 7% de probabilidades de que no fuera bien.

Es necesario tener también en cuenta que muchas veces los riesgos de no operar son mayores cuando no hay alternativa. Hablamos muchas veces de pacientes con una expectativa de vida recortada y a quienes la intervención les puede permitir ganar años y calidad de vida. Tener toda la información al paciente le da confianza, aunque es verdad que hay pacientes que quieren saber y otros que prefieren no saber tanto”, explica el doctor De Silva.

«Raja por donde tengas que rajar»

En su caso, Ángel Hidalgo quiso conocer al máximo los detalles de la operación, que incluyó la realización de una esternotomía para abrir el tórax. “El doctor me explicó que, en ocasiones, por cuestiones estéticas, se ofrece a los pacientes la posibilidad de realizar una cirugía mínimamente invasiva a través de una incisión debajo del pecho, pero yo pensé que todo iba a ser más fácil para el equipo con un campo quirúrgico amplio y como quería que todo saliera bien preferí esta opción. ‘Raja por donde tengas que rajar’, le dije al cirujano”.

Reparar o sustituir la válvula

Antes de la intervención, Ángel Hidalgo fue informado de que se trataría de repararle su propia válvula mitral, pero que si esto no era posible le sería sustituida por otra que debía estar preparada y dispuesta en el momento de la operación, “por lo que tuve que elegir entre una válvula biológica, que tiene una vida limitada pero no obliga a tomar Sintrom, y una válvula mecánica, que no conlleva tomar anticoagulantes, pero que con el paso del tiempo habría que volver a cambiar. No me acuerdo ni cual elegí, pero al final en la intervención pudo ser reparada la mía, no fue necesario sustituirla”.

En la intervención le fue colocado también un anillo para devolver la forma circular a la válvula dañada y le fueron implantadas unas neocuerdas de goretex para sujetar los velos de la válvula.

La intervención de Ángel Hidalgo fue un éxito, como lo son la mayor parte de las cirugías del corazón: “Son intervenciones, en general, hoy muy seguras. Del total de cirugías cardiacas que se llevan a cabo en España, en torno a un 45% se corresponde con intervenciones de las válvulas, sobre todo, de la aorta, mitral y tricúspide, mientras que un 30% son operaciones de cirugía coronaria para solventar una obstrucción de las arterias».

Lo que no es tan habitual es que se forje entre cirujano y paciente una amistad tan sólida como la que se trabó en las consultas del Clínico San Carlos entre Jacobo de Silva y Ángel Hidalgo, una relación que diez años después de haberse conocido en la antesala del quirófano hoy aún continúa.

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